Desde mediados del año pasado, en que se descubrió esta operación comercial con claros visos fraudulentos, a nadie se le ha ocurrido salir a protestar masivamente, salvo algunas voces aisladas de exalumnos de la escuela de pilotos o determinados congresistas.
Los vecinos comeños han comprendido que el verdadero problema no es sólo la operación comercial fraudulenta, sino la venta en sí misma. Esto quiere decir que, aún pudiendo ser una adjudicación legal, es un crimen despojar del único espacio libre de cemento al distrito más contaminado del Perú. Y peor aún, tugurizarlo con más habitantes porque actualmente es uno de los más poblados de Lima.
La comuna comeña apenas puede cumplir con sus obligaciones edilicias, lo que implica que sumarle más vecinos hará que la cosa sea espantosa.
Eso lo sabe muy bien Miguel Saldaña, quien en su campaña para su primer gobierno gritaba a los cuatro vientos su lema: "un período basta" y luego, sin ninguna vergüenza se mandó a la reelección faltando a su palabra.
Saldaña, frente a este problema extrañamente no dice nada, simplemente manda a sus voceros a decir que no puede pronunciarse porque "no tiene los informes oficiales sobre este mega proyecto", como si lo que se observa a ojos vistas no fuese suficiente para preocuparse.
