viernes, 12 de junio de 2009

BAGUA, LA VERDAD ES SIMPLE PERO DESVASTADORA


Pasados los días de caos mediático, desinformación gubernamental y opiniones dascabelladas, la verdad se abre paso en la Amazonía.
La muerte de los policías y nativos fue producto de la torpeza del gobierno originada por su incapacidad o por su ambición.
Los nativos de Bagua reaccionaron ante el ataque de la policía conforme a sus costumbres, así de simple. Aquí no hubo premeditación comunista o injerencia extranjera, lo que hubo es provocación de parte del Estado e ignorancia de los comandos policiales.
Durante más de cincuenta días, policías y nativos convivieron tranquilamente -como lo hacían desde mucho tiempo atrás-, esto lo confirman los hechos y declaraciones de los mismos policías sobrevivientes. Y de ello estaba enterado todo el linaje político de la zona.
A pesar de las tomas de carreteras y amagos de enfrentamientos entre policiás y nativos, nunca se registró, hasta el aciago día de la matanza, hechos que avisoraran tan salvaje reacción. Esto nos da una clara idea de por donde empezó el error.
El fatal día viernes se da la orden de despejar la carretera Fernando Belaúnde Terry, en el sector Curva del diablo, bloqueada durante varios días. La policía empezó el ataque, lo cual empujó a la masa indígena hacia el estado de guerra porque consideraban que el acuerdo entre sus apus y la comandancia policial era un trato del más alto nivel y que debía respetarse conforme a sus costumbres. En los enfrentamientos a campo abierto mueren o son heridos muchos nativos (balas contra flechas); pero la policía, intentando apoderarse de una pequeña colina comete el error de entrar en terrenos desconocidos, es emboscada y son eliminados 12 agentes.
La noticia del rompimiento del acuerdo de paz llega por radio a los nativos que convivían al lado de los policías que resguardaban la Estación Nº 6 del oleoducto de PetroPerú. Pero por desconocidos motivos -dicen que no tenían radio- los policías no se enteran del asunto. El destacamento al mando del comandante Montenegro es sorprendido y apresado, quizás consideraba que era un asunto momentáneo o un mal entendido pues no había recibido ninguna orden para accionar huyendo o enfrentándose.
Poco después, estos indígenas se enteran que están siendo asesinados muchos hermanos de sus tribus y, conforme a sus costumbres, deciden hacer justicia por sus manos eliminando al "enemigo" capturado; allí fallecen cruelmente a machete y lanzas 12 policías más, incluido su comandante.
Eso pasó, simplemente y dolorosamente eso. ¿Culpables? ¿los nativos? ¿los policías muertos y heridos? No, está claro: hubo neglicencia, ignorancia de parte del gobierno de García que no supo manejar las circunstancias, un asesinato cantado a voces desde hace muchos días antes. Todos sabíamos que si el gobierno entraba usando la violencia, violencia y muertos iba a tener. Tal como pasó.
Ahora bien, cabe preguntarnos ¿Y si, en realidad no ha habido neglicencia, qué entonces? Pasamos a la segunda hipótesis: alevosía. Y en este terreno caben las especulaciones más espeluznantes, desde una posible intención del gobierno de provocar la matanza para hacer una cacería de brujas y descabezar a los nativos para que ya nadie se oponga a su ensangrentada ley amazónica; hasta desestabilizar a Meche Cabanillas dentro del partido aprista con oscuros intereses personales hacia el 2011.
Todo lo que ha venido después es pura palabrería gubernamental o de sus esbirros para disimular la bestialidad de las decisiones de Palacio.
Acerca de los cadáveres o los nativos desaparecidos, como siempre tendremos que esperar que con el tiempo se descubran los restos, como el caso de Putis o el cuartel Los cabitos. Allí también el gobierno de turno dijo que no había muerto nadie, pero hoy sabemos la verdad.

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